8 de marzo de 2015

8 de marzo de 2015

publicado en: Artículos de opinión, Igualdad - ALEAS | 0
Consejo (25)
María Román López, Coordinadora de Igualdad-ALEAS

Es este un día tan bueno, malo o regular como el de ayer. Pero hay hoy un motivo, una celebración, el día de la Mujer —siempre trabajadora, sin sueldo o con él, dentro y fuera de casa—, que nos ofrece especialmente espacio y tiempo a multitud de voces para hacer sonar lo que vivimos en todos nuestros días, partiendo desde hace cuatro años, desde el último 8 de marzo, desde el que nacimos o desde siempre.

Intentar cuando se está dentro, como persona en convivencia y como mujer, pensarse desde fuera con justicia y honestidad, y resolver esto en pocas palabras, no resulta nada fácil. Sí lo es, sin embargo, señalar la situación y el camino concreto que nos convive; el desmantelamiento de derechos y libertades que sufrimos hoy en día supera cualquier interpretación y experiencia personal. Hablemos algo de ello.

Nos afecta a todos (nos importa a la mayoría social) que en España la brecha salarial entre hombres y mujeres ha incrementado hasta un casi 24%, superando la de los últimos 5 años y bien lejos de la media europea; que casi el 47% de las mujeres trabajadoras españolas perciba salarios por debajo de los 15.000 euros brutos al año; o que para alcanzar las mismas retribuciones por trabajos de igual valor las mujeres necesitemos trabajar 16 meses frente a los 12 que trabajen los hombres (Informe de la Secretaría de Igualdad de UGT sobre igualdad salarial, 2015).

Son algunas cifras, alarmantes, de entre los numerosos datos contrastados que exponen lo desandado y lo mucho que queda por recorrer. La mujer sigue experimentando mayor índice de paro, menor índice de actividad, salarios inferiores, menor promoción laboral… Y ¿quién puede sorprenderse? Seguramente muchas y muchos menos de las que lo vivimos día a día. Quien nos hable de contar con mejoras reales en la igualdad de oportunidades, que nos diga cómo estas oportunidades se traducen en resultados. Ni lo uno, ni lo otro.

En estas cifras, no obstante, no se manifiestan las consecuencias que los recortes en los servicios públicos están provocando a la mujer. Los costes de la crisis se están socializando; ante la sangrante reducción de nuestro sistema de protección social, la producción de bienes de necesidad cotidiana y de apoyo y cuidado a personas dependientes, se trasladan y se resuelven en el hogar. No nos engañemos, un trabajo históricamente feminizado que hoy en día igualmente recae de forma mayoritaria en la mujer. Doble jornada o simple salida del mercado laboral. Una carga de trabajo no remunerada, pero imprescindible, al margen del debate político imperante que potencia claramente la desigualdad entre hombres y mujeres, y que obviamente falsa toda política de igualdad que actúe sin contemplar este conflicto de consecuencia directa en la mujer.

Sobre nuestros derechos sexuales y reproductivos no es menos la regresión. Si no sabemos dónde se nos quedó el tiempo para nosotras, las circunstancias (no tan solo económicas, laborales y cotidianas) en las que se nos consienten decidir sobre nuestra maternidad quedan crudamente reducidas y condicionadas. La reforma de la ley del Aborto de Gallardón logró pararse, pero no la limitación de nuestra autonomía y del acceso a un aborto voluntario legal y seguro.

Seguimos sufriendo diariamente violencia patriarcal, en todas sus formas de expresión. Una violencia estructural que no puede permitirse el lujo de ser atendida por parte del Gobierno con menos atención que la necesaria (menos recursos económicos y humanos) en favor de otros intereses económicos partidistas. Reclamamos prevención, protección, intervención… integral y transversal. De manera preocupante el sexismo está interiorizado en nuestra juventud, los casos de violencia de género entre mujeres jóvenes se han disparado y sí, mueren más mujeres.

¿Qué vale una mujer? ¿Para qué sirve
una mujer viviendo en puro grito?

¿Qué puedo yo, menesterosa, incrédula,
con sólo esta canción, esta porfía
limando y escociéndome la boca?

Ángela Figuera, El grito inútil.

María Román

Coordinadora de Igualdad-ALEAS