Nos queremos más que vivas

Nos queremos más que vivas

publicado en: Artículos de opinión, Igualdad - ALEAS | 0
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Sebastián Chilla

Sin duda alguna, no es que no nos queramos vivas, es que esto va mucho más allá. Ellas no mueren, las matan, pero es que no sólo las matan, sino que también las vejan, las ofenden, las injurian, las malogran… las maltratan. Que quede claro, que sea una cuestión de Estado, que se pongan los puntos sobre las íes. La sociedad en la que nos encontramos es machista, el patriarcado o si cabe mejor, el heteropatriarcado es una realidad impuesta y el capitalismo es, por qué no decirlo, el mejor caldo de cultivo de esta lacra.

Este sábado las calles de la capital se llenaron de ciudadanas y ciudadanos para protestar una vez más por una cuestión de primera importancia, algo que era muy común años atrás y que parece que se está desvirtuando en un maremágnum de indignación meramente mediático y electoralista. Madrid y España volvieron a teñirse de violeta por un día y, prácticamente, todos los partidos políticos llevaron representación. Sí, pero, ¿qué pasa el resto del año? ¿Por qué el feminismo no es un asunto de primer orden en los respectivos programas electorales de las fuerzas políticas de este país?

Uno de los problemas fundamentales sobre el que descansa esta despreocupación generalizada es la poca inversión en programas de educación que fomenten una sociedad más igualitaria. Hay intrínseca una correlación entre la educación y los valores de una sociedad, y a este respecto no podemos olvidar que el conflicto de género está integrado de forma perversa en muchos de los patrones de la vida cotidiana. Podríamos hacer un sencillo y reciente recorrido desde lo puramente terminológico hasta lo psicológico sin desviarnos del contenido. Por ejemplo, ¿por qué sigue habiendo gente que cree que el feminismo no es igualdad? Tenemos que hacer hincapié en la situación de la mujer -desdibujada y desechada en la Historia- para explicar porqué no podemos hablar de igualdad mientras sigamos viviendo en una sociedad en la que el hombre goza del rol dominante. No hablamos de igualdad porque no podemos partir de algo que no existe, queremos que las mujeres se empoderen para que puedan dar la vuelta a esta situación; es por eso que hablamos de feminismo y no comprender esta realidad es, al fin y al cabo, un acto de violencia más.

De la misma forma y en otra línea, no profundizar en la psicología social para comprender los problemas de género por los que atravesamos en el día a día nos lleva otra vez a lo mismo. ¿No es acaso un escándalo que este gobierno insinúe, a través de un nuevo curso de formación profesional, que el papel de la mujer está relegado al ámbito doméstico? Aunque este nuevo ciclo esté supuestamente abierto tanto a hombres como mujeres, no olvidemos que de forma subliminal la condición heteropatriarcal de este sistema vuelve a aparecer. Si no, ¿por qué se suele hablar de ama de casa y hace apenas un mes el propio Ministerio de Educación tuvo que pedir disculpas por incluir esta profesión de manera exclusiva para el género femenino en sus formularios? ¡Es que no es sólo un problema de definición! Es inequívocamente un problema moral adscrito a este sistema en el que todos estamos inmersos y en el que ellas están prisioneras.

Es por eso que, desde estas humildes y breves líneas, llamo no sólo a la rebelión social en pos del feminismo, sino a la lucha cotidiana para transformar este lastre que tanto daño nos hace. Desafiemos, todas y todos, el establishment más allá del propio orden establecido, de la convención social, válgame la redundancia. Y como dijo la gran Rosa Luxemburgo hace ya un siglo: “Quien es feminista y no es de izquierdas carece de estrategia; quien es de izquierdas y no es feminista carece de profundidad.” Todo un ejemplo. Sí, las queremos vivas, más que vivas y tenemos mucho que aprender.

     Sebastián Chilla